¡Amadísima Madre Santísima y dulcísima virgen María, Madre de Dios, hija del sumo rey y Señora de los Ángeles, Madre del Creador de todos, Reina de las misericordias, inmenso abismo de piedad! Tú recibes bajo tu protección y amparo a todos los que afligidos te invocan, como los refieren las historias y pregonan los que en todos los tiempos han implorado tu patrocinio visitando devotamente tus templos, y especialmente, el santuario de la imagen de Regla, en que parece has querido ostentar más tu poder y caridad, pues en este templo, y por ésta, tu imagen, todos hallan su remedio y consuelo. Los navegantes en las mayores tempestades, invocándote como señora de Regla se libran de tan manifiesto peligro y en las navegaciones más dilatadas y peligrosas, haciendo voto a tu santuario de Regla, logran con felicidad el puerto que desean. Los perseguidos por sus enemigos se salvan por la devoción a ésta tu imagen. ...
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