Padre celestial, que nos has revelado tu bondad en la vida y la palabra, en la Pasión, la Muerte y la Resurrección de tu Unigénito, nuestro Señor Jesucristo: despierto a tus bienes y a mis males, vengo a implorar tu misericordia para mi vida, para mi muerte y para el destino eterno que me aguarda. Desde ahora quiero aceptar tu designio sobre mí, porque comprendo que tu voluntad habrá de realizarse, con mi acatamiento o sin él, pero me parece que redunda en gloria tuya que mis rebeldías se abajen ante tu majestad y que mi voluntad busque servirte ...
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