El Señor es mi
banquero, mi crédito es bueno, El me hace descansar en el convencimiento
de la abundancia omnipresente. El me da la llave de su caja de
seguridad. El restaura mi fe en sus riquezas.
El me guía por senderos de
prosperidad, por amor, si, aunque ande en la propia sombra de las
deudas no temo mal alguno porque tu estás conmigo, tu plata y tu oro son
mi seguridad. Tú me abres el camino en la presencia del cobrador.
Tú
llenas mi cartera con abundancia. Mi medida rebosa ciertamente el bien y
la prosperidad me acompañan todos los días de mi vida. Todos los
negocios que hare serán en nombre del Señor.
Amén.
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